PARA UN TIEMPO HERIDO- ENRIQUE FALCÓN

Los poemas que forman Para un tiempo herido (Colección Helado de Mamey, Ediciones Amargord, 2008) abarcan 10 años de escritura ininterrumpida y están extraídos de los libros siguientes: Los Otros Pobladores (Germanía, 1998); AUTT (Crecida, 2002); Amonal y otros poemas (Idea 2005); La marcha de los 150.000.000 (Eclipsados, 2008); Taberna roja y otros poemas (Baile del Sol, 2008); y Porción del enemigo (material inédito en 2008). En el epílogo Enrique Falcón hace un análisis de las etiquetas a las que ha sido sometida su poesía.



CUATRO TESIS DE MAYO

: desordenar la vida (en la intemperie compartida del mundo), hacer visible lo ninguneado y apurar el tiempo de las acogidas : acompañar tantas opciones -personales, colectivamente organizadas, removiéndose en red- por la resistencia : bajar al temblor de dentro del encuentro con los otros : renombrar el mundo allí donde la herida, allí donde estalle la vida que resiste : incluir la distorsión de la lengua en un proyecto de escritura que ponga en conflicto nuestras relaciones simbólicas y políticas con el reino de los asesinos, el de –también- los ursurpadores del lenguaje : reconocer insuficientemente la viabilidad de la protesta a partir de sólo los contenidos : y (contra todo descanso) : pronunciar “nosotros”- para el cautiverio y la esperanza- en una lengua que no sea materna.


Las lógicas del etiquetado parecen funcionar tanto en las operaciones del mercado de bienes y servicios como en lo literario. No voy tanto a meterme ahora con todo esto como en recordar apenas la cantidad de etiquetas que durante este tiempo se han ido costrando en mi pobre poesía- la viejita y canalla- y en cuyo mercadeo de términos confieso que también yo he caído en alguna que otra ocasión.

Una persona de la comunidad hispana de Jacksonville, en EE.UU, me llamaba “poeta antiglobalización” tras haber escuchado por primera vez mis versos. En agosto del 99 y para cierta antología Manuel Rico acuñó- creo que por primera vez- el término de poesía “de la conciencia crítica” (y “de insurrección del lenguaje”, además ) al aplicarlo a mi trabajo y al de un compañero canalla en estas lides. Un año antes fui uno de los “poetas feroces” que Correyero incluyó en su antología “de poesía radical, marginal y heterodoxa”. Y a los cinco años ya me convirtieron la escritura en “poesía de la resistencia”. Lo de “poesía social” me lo he tenido que oír más de quince veces, y otras tantas su eterna e insistente actualización de “nueva poesía social”. Y el colmo se lo lleva aquel crítico literario que, en el prólogo a una de las enésimas antologías de poesía actual, nos adscribe a una supuesta “neopoesía social” en lo que me imagino debió ser un ingenioso error de imprenta.

Reconozco que en ninguna de estas etiquetas (sólo son eso, y no debería darles más importancia de la en poco tendrán) ni me siento a gusto ni siquiera a mis anchas. Y en las pocas veces pocas que releo mis poemas me pasa en enteros casi lo mismo. Por “ poesía de la conciencia” quizá se entienda ahora otra cosa más restrictiva pero todavía muy necesaria (aunque no es tanto conciencia lo que necesitamos como esperanza). No acabo de entender qué poesía no es de verdad “social”, independientemente del proceso de politización con quien quiera recibirse. Lo de “poeta feroz” me viene más que a ropa grande, y eso lo saben bien quienes bien me conocen. Lo que sea “resistencia” o “radical”, poco lo veo en la literatura de mi tiempo y más en la fidelidad constante, a pie de calle, de las organizaciones sociales y políticas con las que he tenido el lujazo de encontrarme. Y si acaso he llegado a sentirme a gusto con algo que me sirviera para describir, presentar o (sobre todo) disimular lo que temblorosamente escribo, lo he hecho con etiquetas del tipo “poesía del conflicto” o “poesía crítica” (ambos términos los robé, por cierto, en las muchas discusiones cómplices entre mis compañeros/as los unionistas).

En cualquier caso me suele dar la sensación de que, cuando alguien con un poema mío y con eso de la poesía social (o concienzuda, o radical, o conflictiva, o resistente…), se me acerca también con una carga de- por lo menos- cuatro presupuestos de los que en seguida no me cabe más remedio que desdecirme. Porque van cargadas de palabras y casi siempre tienen dueño.

Estas cuatro ideas prejuiciadas (me imagino que por causa del sistema educativo y de las inercias del canon en la tradición peninsular) parecen venir a decir que este tipo de poesía ha de ser – más o menos, y con distintas intensidades o matices- (1) ajena a lo íntimo (sic) a causa de su voluntas colectiva (sic también), (2) ha de estar dirigida a los pobres (sic) y a las víctimas de un sistema en verdad injusto, (3) ha de ser realista (sic) y hasta casi transparente, y (4) ha de perseguir un cambio significativo (sic) en las estructuras sociales y políticas de su tiempo.

Sabiendo que- en literatura- las posibilidades son muchas, y en tantas ocasiones hasta complementarias por sus diferencias, me da ahora por mirar el tipo de poesía por el que particularmente yo he querido caminar (os juro que, por encima de todo, a ciegas) y me animo a contradecir – con las cuatro tesis respectivas- esos cuatro presupuestos.



1ª tesis
Este tipo de poesía no es ajena a lo íntimo

Seguramente una de las más eficaces operaciones del discurso neoliberal (el que mantiene a los ricos pocos en la defensiva, a sus representantes menos en la posición de ataque, y a los pobres muchos en las cunetas de la historia) sea la terrible separación con que ha marcado lo público y lo privado. Extirpados de nuestra ciudadanía práctica, alejados de la plaza pública la más de las veces, nos hemos convertido- bajo el signo de la pacificación- en consumidores miedosos para quienes participar en un sindicato, una asociación ciudadana o una organización de base parece más que menos una reliquia histórica o, en el mejor de los casos, algo que delegar sobre las administraciones políticas. La Asociación de Vecinos en la que trabajo hizo suya por el contrario la idea (que de Porto Alegre viene, y de los foros sociales de la resistencia) de que nada de lo que nos afecte se debería hacer sin nuestra participación, precisamente porque “nada humano me es ajeno”. Pasa en poesía lo que también nos ocurre en nuestro ser con otros.

Siempre me he preguntado por qué el hambre no es una recurrencia al menos temática en nuestras literaturas, cuando es la única recurrencia existencial- la única “experiencia” – de tantos millones de hombres. Siempre he sospechado de esos poetas que circunscriben los “verdaderos” temas “eternos” de la poesía (generalmente la suya propia, por lo demás) a sólo cinco aspectos de nuestra vida: el amor erótico, la soledad irreductible, el paso del tiempo, el envejecimiento nostálgico y la muerte (casi siempre muerte-por-muerte-natural), temas que –sea dicho aparte- me interesan, y os digo que mucho y sólo en poesía.

Vinieron los ursurpadores del lenguaje y los gestores del miedo y nos separaron lo público de lo privado: ciudadanos y poetas se nos colaron, en gran parte, por el lado de las exclusivas experiencias privadas. Para la mayor parte de los vecinos del barrio en el que vivo son más influyentes y cotidianos los procesos de deslocalización empresarial que los efectos embriagadores de la luna eterna que cantan los poetas. Y yo no acabo de entender por qué uno no habla de sí mismo – de su íntima humanidad y con otros tantos compartida- cuando habla del Fondo Monetario Internacional, de las matanzas en Irak, de lo que está pasando en las periferias de las ciudades españolas, o de la política de Shell en el delta del Níger. Mientras nuestra suerte común no sea entendida como un asunto también personal, no cabrá un lugar para la esperanza. Y lo que uno escribe a la intemperie del mundo debería dar- ¿por qué no? – también cuenta de ello.

La verdad es que, en literatura, no me desagrada nada esa idea de que se nos despiste la mente de la supuesta “materia poética”, porque creo en la necesidad de que seamos permanentemente descentrados y sacados de nuestra inviolable vida privada, no más por poder devolverle a lo personal, a lo íntimo, aquello colectivo y común que nos ha sido arrebatado. Mi maestro Roque Dalton denunciaba la presuposición de que la poesía fuera un “vaso santo” que no debiera mancharse con el imperialismo, la tortura o la miseria cotidiana de los sin voz y los sin rostro. Yo creo que vale la pena (y mucho) que la poesía se nos contamine irremediablemente con ese olor a pies (de realidades supuestamente ajenas tanto a la materia de un poema como a nuestro macdonalizado cuartito íntimo), que la poesía se nos contamine con ese vuelco de mostaza, con el crimen nuestro de todos los días.

2ª tesis
Este tipo de poesía no se dirige a los pobres
No busco ni a los pobres, ni a las víctimas muchas de este sistema que ninguna carniceando, entre la gente que da en parar sobre alguno de mis libros o aparece por alguno de estos recitales. Cuando escribo un poema no pienso en que el poema vaya dirigido a ellos. He tenido esto bien claro desde el principio, así como que sería una indignidad por mi parte escribir en su nombre, que eso de ser “voz de los sin voz” no deja de ser un paso más (aunque no el más terrible) en el pisoteo de la gente cuya dignidad ya está, de por sí pisoteada.

Mi poesía no está escrita para ellos. Si los poetas quieren dirigirse a los pobres, deberían bajar a la calle, trabajar en las organizaciones, conversar con ellos y ser dignos de poder ser invitados a entrar en sus casas. Hace un par de años J (que lleva varios años en prisión y también le da por escribir) me dice: “Aquí En el trullo no necesitamos literatura, sino justicia”. En España hay más presos que lectores de poesía.

Personalmente no voy a caer en el espejismo de escribir un poema y creer que son ellos, los desnucados, los que van a leerlo. Cuando en alguna ocasión alguno de mis vecinos del barrio, o cuando alguna persona presa en la cárcel de Picassent me ha pedido que le leyera un poema, sólo la complicidad me ha llevado a hacerlo, pero con la explicación previa- nunca fácil de dar- de que fueron otros para quienes quiso ser escrito.

Estos otros son – sencillamente- aquellos que ya están activamente cerca de ellos, o – quizá en menor medida- aquellos que están todavía posibilitados para acercarse a los muchos ningunos que sortean las cunetas de nuestro tiempo. Por ejemplo, y entre muchos/as vosotros mismos.

3ª tesis
Este tipo de poesía no tiene por qué ser realista

Entiendo que es un espejismo malintencionado la (supuesta) separación entre formas y contenidos a la que quizá nos han acostumbrado demasiado. Un proyecto de escritura que quiera poner en crisis nuestras relaciones simbólicas y políticas con este mundo terrible del que somos cómplices no puede tampoco dejar de considerar que el lenguaje ha de ponerse también en crisis. El lenguaje es, ante todo, mediador primero en nuestras relaciones de dominio y de explotación, y también lo es en nuestras posibilidades personales, colectivas, de emancipación y encuentro.

El desgarro de la boca no es un ejercicio solipsista si el territorio que pisamos es el de la matanza, y todavía se me tendrá que demostrar que no vivimos inmersos en él. Lejos de ciertos espejismos de “transparencia” y “borrado del montaje”, soy incapaz de olvidar que un poema es- entre otras muchas cosas- un artefacto de palabras y un gesto de lenguaje y que le es legítimo hablar en una lengua que no sea la materna. Además de lo propiamente ideológico, el llamado estilo presupone- también- un acto de elección moral.

Por el lado de las estrategias retóricas, y de las modulaciones muchas de la escritura poética, precisamente se van cociendo hoy algunos de los más fecundos debates entre quienes los nuevos etiquetados nos sitúan en ya no sé que suerte de “poesía crítica”. De nuevo, pues, en el candelero, la cuestión de los realismos y la viabilidad de la protesta a partir de (sólo?) “el contenido”. En ese debate 8que prefiero entender como un contraste de estrategias- cómplices y diversas- con un mismo horizonte común), me sitúo en una opción que cuestiona si de verdad un poema crítico puede sostenerse sólo sobre la (supuesta) “transparencia” de los signos con que articulamos la protesta, si puede sostenerse sobre el mito del sujeto autobiográfico redondo y autounitario (sin fisuras), si puede sostenerse – en definitiva- un proyecto crítico de escritura sin que se intensifique también (eso sí: asideros incluidos para el lector y el referente) una práctica de crisis y de desarticulación en el lenguaje, con cuyos materiales ese poema es montado.

Y 4ª tesis
Este tipo de poesía es inútil

…Que para eso ya están las organizaciones sociales. Que para eso ya estamos en las organizaciones sociales (…y en ocasiones ni aún así).

Para tiempos de pacificación social como éste en el que vivo: “El criterio de fecundidad de un arte comprometido no estriba en la situación de crisis y conflictos, sino en combatir la ilusión de que – en medio de los peligros y bajo el signo de la catástrofe- todavía se sigue viviendo en un mundo sin peligro alguno” (Anold Hauser, en una cita de mis compañeros del colectivo “Alicia bajo Cero” en (Poesía y poder).


Enrique Falcón


* Este texto empezó a escribirse tras una intervención pública en Estados Unidos (Hispanic Lecture Series, University of North Florida, abril de 2004), tomó cuerpo el 1º de mayo en Valencia, se contrastó en Alicante (Jornadas de Literatura Comparada “El imaginario creativo del siglo XXI”) el 4 de mayo, y se compartió finalmente durante una lectura pública en la ciudad de La Laguna (Tenerife, 21 de mayo)


CUIDADO CON EL PERRO


Y con el amo
Huele a padre de la novia, a
tejado a revisar trimestralmente
cuando faltan camas
en los depósitos para transeúntes de los urinarios,
cuando falta la estricnina en su corazón de buque.
Las uñas se escurren por los nombres entonces
Tocando madera,
Y al perro le bautizan Alicia,
Otro hombre dispara.
Cuidado con el perro. No se admiten apuestas
para ver sobrevivir a los quienes,
los cualos,
los que han de morir
y etcétera.


“Cuidado con el perro” apareció colgado en las paredes de la ciudad de Valencia, por medio de la revista-mural unionista “Left Uno” (Valencia, 2000), durante la intemperie de dos noches antes que las autoridades municipales mandaran arrancarla. Después se publicó en “Libros de notas” (Enero de 2006) y en la antología Poesía para bacterias (Huesca, 2008)



CITA CON UN REBELDE

Para Omar Darío Arias Salazar



A vosotros me uno y no soy de los vuestros: comprendedme

no lo soy, madeja
intentando buscaros, he oído vuestra voz,
genital en la madera voz
con la que vuestros niños han sabido levantar
el mapa de los padres.

Esto ha sido escrito sobre el sueño de la arena,
escrito quede con la arena que pisáis, fuera un dulce
paso hacia la noche, mas terrible
le han desfigurado el rostro, confundiendo las señales,
la orientación del Norte, las estrellas.
Éste ha sido yo: un golpe de hilo muerto
(si fuera necesario así decirlo, un hombre ahogado) [1]
pero no carguéis con los más pobres de nosotros:
la misma mano los cercena,
la exacta lengua encendida que les dice
aunque acariciándoles la espalda. No los persigáis—
sus hijos construyeron los mismos, exactos mapas que vosotros
(y ahora vuestros hijos) lanzasteis sobre el río,
antes la sequía y el espaldar tremendo,
contra el río despoblado de las tierras no labradas,
un pájaro de estampidas destrozado por la nieve:

…a cada tierra
le corresponde un día en que nacer;
y a cada amanecer, cita con un rebelde… [2]

Comprended el gesto retraído de mi sangre,
el ojo que hubo de esperaros en coágulos de hace siglos
fue extensísimo el mar
con que ahora cruzáis el paso con la rabia,
la revuelta con la ira
encaramada a la luz (una flor mi flor cubriendo).
Éste ya es el sol
roedor de las cabezas, ya lo visteis,
y alumbró por poco tiempo, y ahora mucho; ésta, la caída
tensísima del cuerpo,
furia con la furia rasgando el cielo

(mano con las manos alzando el día):

Dentro de mi cuerpo / vive un hombre ahogado.



Tengo el recuerdo de haber dormido contigo
en la parva del heno, cansados de la densa [3]
agitación de la llanura, los párpados quemados
por tantas piezas requeridas: el mar al fondo de los ojos.
El óxido del sueño, la caricia fue la noche,
quien nos dio en sus algas los brazos de otro sueño
—pesado al despertar— y apenas compartido,
toda la desaparición [4]
con las ronchas esquilmadas de las cacerías
y muslos afeitados después de la carrera,
y carne, y huesos potentísimos,
y médula o piel. Y aceite. O barro.
El recuerdo de haber dormido contigo, otra vez, de nuevo aquí
es memoria del aliento, los sobacos por el frío
retirados contra el aire y la mirada
tristísima con la noche escondiendo el beso,
la vergüenza del amor, el miedo, y el escándalo.


A vosotros que me he unido desde antes de nacer

–frío es el mundo–: nada mío os intimide. [5]

...Un poema azul y enorme
de aortas y clavículas desclavadas
al poste de la rabia con el sueño...
Una flor que yo he temido,
lugar de la tristeza en Santuario
un
150
millones de panteras en el verso—
y que nada mío
intimide vuestro canto

ni enmudezca su luto los listados del mundo :



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[1] El hombre ahogado es Omar Darío Arias Salazar, dirigente de la organización sindical ‘Sinaltrail’ en el municipio colombiano de Bugalagrande y activista del Comité de Solidaridad de la ‘Central Unitaria de Trabajadores’ y de otros espacios comunitarios del municipio. “Desapareció” el 21 de mayo de 2000 y se le encontró ahogado cinco días después. (Ref: Documento de las organizaciones sindicales regionales del Valle del Cauca, del 1 de noviembre de 2000).

[2] a cada tierra…con un rebelde. Versos del poeta palestino Mahmud Darwish, en “Buenos deseos”.

[3] En la parva del heno. Julio de 2002 : asalto de las fuerzas estadounidenses sobre la casa de Ahmed Khan, en el distrito afgano de Zurmat : hacia las nueve de la noche estábamos todos ya acostados : de golpe, el ruido, los helicópteros encima de nosotros, las explosiones : la casa tembló y las torres [los ángulos de la casa] fueron alcanzadas : las balas de las ametralladoras rompieron los vidrios y las puertas, los soldados americanos entraron en casa empuñando sus armas : nos sacaron del cuarto con las manos en alto, nos las ataron luego : registraron la casa, forzaron las puertas, dispararon contra los cajones y los dejaron del revés : nos pusieron capuchas y nos llevaron en un helicóptero a Bagram : los soldados se llevaron nuestras joyas : Niaz Mohammad dormía fuera de la casa, junto a una parva de heno, para que no robaran la cosecha : le encontraron muerto cerca del molino : una bala en un pie y otra en la espalda : ésta le había salido por el corazón (ref. Declaraciones del campesino Ahmed Khan a miembros de Human Rights Watch; Informe “Human rights abuses by US Forces”, 2004).

[4] toda la desaparición: unas cinco mil personas han sido desaparecidas, desde finales de 1999, a manos de las fuerzas federales rusas en el territorio de Chechenia. Muchos civiles chechenos han decidido acudir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, ya que el sistema judicial ruso no se ha mostrado realmente dispuesto a castigar a quienes vulneran los derechos humanos en el norte del Cáucaso. En este sentido, son excepcionales las sentencias condenatorias, como la que en marzo de 2005 se emitió finalmente sobre Sergei Lapin, agente de la policía y miembro de las Unidades Especiales rusas de Antidisturbios (las OMON), quien participó en la tortura y desaparición de Zelimkhan Murdalov, checheno de 26 años detenido en Grozni a comienzos de 2001 y –antes de “desaparecer”– sometido a torturas y a sesiones de electroshock en las dependencias policiales del distrito de Oktiabrskii.

[5] es frío el mundo es un verso del poeta colombiano Carlos Fajardo (Santiago de Cali, 1957), en Dios se ha fatigado.



PASIÓN DE JUAN EN AYACUCHO


Lo imposible ocurrió:
estiraron a mi amigo como a un insecto amargo,
lo colgaron de las tapias desde el amanecer
­- exponiendo su torso vacío por ser una cadera
- la lluvia cayendo en mi amigo frío
Mañana comeremos con él
Pan e higos secos que no robaron los soldados,
Sucediendo entonces otro mismo imposible:
empezar el tiempo
de la revolución.


“Pasión de Juan en Ayacucho” está dedicado a Carlos Pérez Barranco y a la celda que dejó en la Prisión Militar de Alcalá de Henares e inicialmente contaba con esta breve explicación: Cito a José Vidal Talens, en su artículo “ Creer en tiempos de desesperanza”: “Su pregunta es la misma que ya sonó en la Europa de la postguerra (cif. ¿cómo escribir poesía después de Auschwitz?), pero siendo la misma es otra , porque otras son las condiciones por las que siguen muriendo injustamente los seres humanos. Gustavo Gutiérrez se pregunta: ¿Cómo hablar de Dios desde Ayacucho? La pregunta sigue en pie”. El poema fue publicado en “Derecho para todos” (primavera 2002).

Para un tiempo herido
(antología poética 1998-2008)
Enrique Falcón
Colección Helado de Mamey
Ediciones Amargord
Director de colección: Rodrigo Galarza
Diseño de portada: Francisco J. Sevilla
ISBN: 978-84-87302-77-0